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La labor de reforestación que transformó un desierto en un ecosistema vivo

El fotógrafo Sebastião Salgado logró revertir la degradación ambiental de un rancho ganadero mediante la plantación de dos millones de árboles.

Redacción El Radiograma
Foto: xataka.com.mx

El reconocido fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, junto a su esposa Lélia Wanick Salgado, culminó un proyecto de restauración ecológica de gran escala en una propiedad que originalmente funcionó como rancho ganadero. Al regresar a la tierra donde pasó su infancia, el artista encontró un paisaje desolado y erosionado, muy distinto a la exuberante selva que recordaba, lo que dio inicio a una iniciativa de reforestación que se ha extendido por más de dos décadas.

El proceso de recuperación implicó la plantación de más de dos millones de árboles nativos, una tarea monumental que permitió la regeneración de la biodiversidad local y la recuperación de fuentes de agua que se consideraban perdidas. A través del Instituto Terra, la pareja logró transformar un terreno degradado en una reserva privada que actualmente funciona como un modelo de conservación para otras regiones con climas similares, incluyendo áreas boscosas en el continente americano.

Expertos en medio ambiente han destacado que este tipo de intervenciones son fundamentales para la lucha contra la crisis climática, ya que la restauración de ecosistemas permite la captura de carbono y la mitigación de temperaturas extremas. La labor de Salgado demuestra que la intervención humana, cuando se alinea con las necesidades de la flora y fauna local, puede revertir daños que parecían irreversibles para el entorno natural.

En el contexto mexicano, donde la SEMARNAT y organizaciones civiles trabajan en programas de reforestación en estados con altos índices de deforestación, el caso del Instituto Terra se analiza como un referente de éxito en la restauración de suelos. La experiencia subraya la importancia de la participación ciudadana y la inversión a largo plazo para asegurar la supervivencia de los ecosistemas locales frente a la expansión de las actividades ganaderas y agrícolas.

Actualmente, el sitio es un laboratorio vivo donde se estudia el comportamiento de diversas especies de árboles y su capacidad para atraer nuevamente a la fauna silvestre. Este esfuerzo no solo representa una victoria ambiental, sino también un legado cultural que enfatiza la responsabilidad de los propietarios de tierras en la protección del patrimonio natural de la región.

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